Prólogo de Destrúyeme

 Prólogo







Tu:

No estoy loco, sé que no lo estoy. Los gritos en mi cabeza no son de haber perdido la cordura, porque no la perdí, son de amor. Amor a tu persona, a tu nombre. Cambiaste mi vida cuando llegaste, la destrozaste cuando te fuiste. El fin del mundo existe en cada persona en particular, no es colectivo, es personal. Tú fuiste y serás el mío. Mi autodestrucción sucede con solo pensarte y pasan días hasta que me armo, pieza por pieza. Pero como todo rompecabeza siempre falta una parte, esa pieza insignificante que no sabes que la necesitas hasta el final, cuando miras hacia tu logro y no está terminado, incompleto, carece de belleza. Buscas la parte pequeña y no la encuentras, y no importa cuán duro intentes colocar otra en su lugar, si no es esa, sigue incompleto.

Deje de llorar hace algún tiempo, cuando entendí que eso no te traería de vuelta. En cambio grité, mucho. Pienso que así, donde quieras que estés, me escucharas y vendrás como milagro del cielo de vuelta a mi lado. ¿Pero se escucharan mis gritos? ¿Los escucho yo?

Recuerdo cuando solía mirarte, tus movimientos me hipnotizaban. Tus labias al hablar provocaban en mí una sensación de placer y miedo. Mi cuerpo nunca tembló como lo hacía ante tu toque. Era embrujado una y otra vez solo con tu mirada puesta en mí. Tu aroma era una droga y yo me volví un adicto dispuesto a ella. “El amor es así, te hace tonto... loco”, eso me dijiste, pero yo no estoy loco, estoy enamorado, que es, básicamente, lo mismo. Y no creas que el amor muere, sé que estás conmigo pese a todo. Mientras vivas en mí, seguirás siendo mía. Te prometo abrazar tu recuerdo cada noche. Siempre. Hasta dejar de respirar.

Es necesario respirar, pero no es lo mismo si no respiro tu aroma. Me gusta hablar, pero de qué sirve si no me contesta tu voz. Amo reír, pero sin tu risa en mi mundo la mía es insulsa y un insulto a tu recuerdo. Escribir, sin embargo, saca apenas una pequeña parte del dolor y la envía al aire, a la nada. Al mundo y al cielo. Quizá llegué al Infierno. Escribo por no me conecta directamente a ti, le es un halago a que alguna vez fuiste. Escribo porque decirlo en voz alta duele, pensarlo quema y retenerlo mata.





Yo.

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