Cien historias, Cien extraños

Carta de un hombre a una señorita


Buenos días, señorita, espero no molestarla con mis pensamientos. Tal vez usted no se dé cuenta, pero estoy en agonía. Anoche mismo repasaba mi vida y debo decir que he tomado una drástica decisión. Pretendo amarla hasta el último minuto de aire en mis pulmones. Si usted me deja, claro. Sin su permiso, jamás me atrevería. Estoy dispuesto a ser amado de igual modo, no se preocupe.
Nos imagino vivamente. Yo, llevándole comentarios ingeniosos. Usted, deleitándome con su risa. Yo, ofendido por una nimiedad. Usted, en pleno auge de orgullo por lo mismo. Pedirle permiso y tomar su mano. Que usted se atreva a tocar mi rostro. Cerrar mis ojos y poder escuchar cantar a su corazón la melodía de sus pensamientos. Sus brazos rodeando mi cuerpo cuando se desate una tormenta en mi mente. 
Quisiera que juntos destrocemos aquellos espejos que nos mal reflejan. Pensarla cuando esté lejos, extrañarla incluso cuando esté cerca. Usted estaría distraída, yo en afán de sorprenderla, descubro que sus ojos brillan por mi mera presencia y que me desestabiliza el aroma de su cabello. 
Dígame que sí. Sea usted la persona a la que le contaré todo lo bueno y lo malo que ocurra en mi día. Señorita, tengamos charlas eternas. Hablemos sin vergüenza. Haga catarsis conmigo, lo ansío. Muéstreme de la vida diferentes facetas. Sea tan amable de concederme la siguiente pieza de nuestras vidas y bailemos en los ojos del otro hasta el amanecer. 
Quiero ser la razón por la cual se libere todo el arte que lleva dentro de su cuerpo. Usted dirá que nadie la quiere, y yo me pasaré la vida demostrándole lo contrario. Yo diré que nadie me comprende, y usted pasara el resto de sus días resolviendo los crucigramas que fabrica mi inconsciente. Venga y hábleme al oído, no diga nada hermoso. Ojalá el viento la despeine, para descubrir a cada rato su rostro. Un café en su mano, un cigarrillo en la mía. Enójese con el Universo y debatamos sus enigmas. 
Cuando la encuentre, señorita, espero acceda a mi petición. ¿Es que acaso no lo ve? La vida lucha por juntarnos, apúrese, aparezca de una vez. No sea tímida, ya nos conocemos, hemos vivido en los pensamientos del otro durante mucho tiempo. 
Y así me despido, señorita, hasta que la vea.

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V.J. Bernal
Soy aficionada al café y escribo. Nací en algún momento de los 90' y actualmente estudio Letras. Cuando no estoy soñando despierta, lo hago dormida.
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